San Rafael: El Padre Ramón Saso y su trabajo con las adicciones

El padre Ramón Saso nació en la Villa 25 de Mayo. Se ordenó sacerdote en San Rafael, pero ha estado misionando en varios lugares de Argentina y ahora dedica su vida a trabajar en la rehabilitación y acompañamiento de jóvenes con problemas de adicción en drogas.

El Padre también ha estado en Cuba y en Colombia misionando, y desde hace muchos años se ha inclinado por el trabajo terapéutico para personas que se encuentran sumergidas en la problemática de la drogadicción, o mas bien, en un “infierno” como lo describe el sacerdote. Actualmente, por pedido del obispo de San Rafael se encuentra trabajando de lleno en la casa terapéutica Ceferino Namuncurá, un espacio de contención que ha levantado de a poco con psicólogos y jóvenes voluntarios.

Comenzaron con los tratamientos hace año y medio dictando charlas en el Colegio Del Carmen y hoy ya tienen una casa propia donde trabajar. Sin embargo, la ambición de poder ayudar a estos chicos ha llevado al padre a intervenir en los barrios, y por ello desde hace unos meses ha comenzado a organizar actividades en el barrio El Molino.

“Yo creo que las adicciones se encontraron conmigo”, explicó el Sacerdote sobre su trabajo con la drogadicción. Es que desde antes de ordenarse, cuando era diacono y realizaba labores en la cárcel local vio por primera vez los estragos que causa la droga en las personas.

“Hoy es un tema que tenemos que tocar, por eso desde hace dos años decidí hacerle la pelea, ahora yo soy el que quiero encontrar las adicciones, para tratar de dar esperanza, para ayudar a los chicos y tratar de cambiarles el panorama”, explicó. Y en ese intento por cambiar la vida de quienes están involucrados en dicha situación, el religioso es enviado en 2015 a un congreso nacional sobre adiciones; ahí se dio cuenta de que en San Rafael había mucho trabajo por hacer.

“Recuerdo que me dieron una hoja en donde debía escribir qué teníamos en nuestras diócesis como recurso para atender a los chicos. Yo miraba los casilleros y me daba cuenta que no tenía nada que poner. Esto me impactó porque vi gente de todo el país muy comprometida con el tema y que estaban muy bien organizados”, indicó.

De vuelta en San Rafael ha hecho lo posible por formarse. Le comentó al Obispo Taussig lo que había visto en el congreso y fue ahí donde nacieron las primeras intenciones. Se creó el Grupo de Prevención de Adicciones (GTPA) y empezaron sumarse y a tratarse más jóvenes. Una pareja de psicólogos, el Padre y los voluntarios conforman hoy el grupo de trabajo. Actualmente han realizado una labor tan grande que este año recibieron la donación de una casa en la calle Ruiz Daudet 30, un lugar muy antiguo, abandonado, que han tenido que ir refaccionando de a poco, casi que desde cero.

“Yo no he visto más dolor junto que haciendo este trabajo, es un infierno lo que vive un adicto, pareciera que fuese una fantasía pero es un infierno en realidad” comentó sobre su experiencia, y añadió que “además del grupo que conforma GTPA hay muchos voluntarios que se han unido a la causa. Por eso hoy queremos dejar un mensaje muy importante, que se puede salir de las drogas y que siempre hay esperanza”.

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