La Gesta de Mayo: Restauración Autonómica de la identidad Rioplatense

Por Atanasio Duarte

   Introducción.

   Dice Hugo Wast en su clásico “Año X”, citando al Papa León XIII: “La primera ley de la historia es no atreverse a mentir; la segunda, no temer decir la verdad”. También afirma: “La historia es ejemplo. Comete una infidencia el que la falsifica, convirtiendo los sucesos del pasado en armas para los combates de hoy. La historia es la patria. Si nos falsifican la historia es porque quieren robarnos la patria. Y citando a El Quijote concluye: “Los historiadores que de mentiras se valen habían de ser quemados como los que hacen moneda falsa”.

En mis mocedades al leer esta obra muchas cosas falsificadas se aclararon en mi interior, comprendí mucho lo que no fue y lo que fue esencialmente la mal llamada Revolución de Mayo, pero me quedaron muchas inquietudes, dudas e incertidumbres que solo con el tiempo y cuando leí  una buena parte de la monumental obra de Enrique Díaz Araujo de 3 tomos: “Mayo Revisado”, desaparecieron podría decir “casi” completamente, y esto lo digo no porque esa obra me siembre dudas sino porque en la faena histórica siempre pueden aparecer nuevos aportes que ayuden a comprender e interpretar los hechos, hombres y procesos con mayor veracidad; pues como sostiene Federico Ibarguren “en historia no hay cosa juzgada”.



Conceptos básicos:

   Los sucesos de mayo no fueron una revolución, mucho menos parte de la Revolución Anticristiana iniciada con la ruptura de la Cosmovisión de la Cristiandad allá por el Renacimiento y que hoy sigue su curso con el liberalismo, el marxismo, el Nuevo Orden Mundial, la teoría de Género, la contra-cultura o Revolución Cultural Gramsciana, y tantos bichos ideológicos y plutocráticos como giran por este triste y oscuro tiempo del mundo y de nuestra Patria.

Por revolución puede entenderse de modo muy general y sintético a la vez 3 cosas:

  • Un “revolver o subvertir” un orden religioso, cultural, político, social y económico, sustentado en verdades, bienes y valores estéticos, fundados en el orden natural (y en algunos casos en el orden sobrenatural sin eliminar el anterior, sino suponiéndolo) y amasados en un elemento básico: la Tradición Nacional que es mezcla de tiempo, geografía, tierra, sudor, sangre, gozos, glorias y herencia; todo para reemplazarlo por un nuevo régimen que negando todo eso intenta mediante medios generalmente violentos o coactivos, imponer una concepción ideológica contraria a la Tradición Nacional.
  • Un “volver” “revuelta: pegar la vuelta” a los fundamentos de un orden legítimo violentado, conculcado y como ha sido fruto de la identidad de un pueblo y de su tradición debe ser Restaurado, conforme a los tiempos en que se viven.
  • Un cambio más o menos profundo en los ámbitos de la vida de una nación, que puede realizarse pacífica o violentamente, a los efectos de modificar el anterior régimen, sea restaurando algunos aspectos, sea introduciendo modificaciones o innovaciones. Tal cambio será fructífero para esa nación en la medida que se apoye en el legado patrio (dice Vázquez de Mella que “la Patria es más cosa de muertos que de vivos”, refiriéndose a lo heredado), y será pernicioso y generalmente instrumento de dominación extranjera y anarquía interna si rompe con ese legado. Será legítimo además si se usan medios justos, y la fuerza se utiliza excepcionalmente cuando es necesario servir al Bien Común.

A la luz de estos conceptos queda claro que los sucesos del año 1810, no fueron parte de la  Revolución Anticristiana iniciada allá por el Renacimiento y que fue destruyendo la Cosmovisión de la Cristiandad, a pesar de que muchos hombres de la península y de América habían sido ganados por la ideología iluminista, tan difundida en Europa y en parte en algunas Universidades Americanas, y además protegidas e impulsadas por los Reyes Borbones y muchos de sus Ministros liberales y masones. Al menos inicialmente estos “iluminados” no tuvieron intervención preponderante, aunque luego fueron copando en distintas partes de América movimientos variados pero que en su faz más legítima intentaban restaurar el sentido del Imperio de la dinastía de los Austrias o Habsburgos, es decir la Hispanidad como continuidad de la Cristiandad en la cual “las Indias” (luego llamadas América) eran Reinos y Provincias Autónomas dentro del Gran Imperio, y pertenecían como dominio personal (tipo feudal: basado en una fidelidad mutua, de ahí feudal) al Rey de Castilla, más allá de quien sea, y nunca eran consideradas jurídicamente parte de la administración peninsular o de algún reino o señorío Europeo.

Si, fueron esos sucesos un proceso Restaurador de una identidad y autonomía en peligro, de nuestra identidad Hispanocatólica y nuestra autonomía política-cultural y económica, debido al gobierno centralista y reformador por la influencia iluminista de los Borbones que nos consideraban “colonias” tributarias de la Metrópolis, y que imponían la ideología iluminista y el liberalismo económico junto con un centralismo administrativo exacerbante manejado por inflexibles funcionarios que anteponían los intereses metropolitanos a los concretos bienes de América. Por supuesto que en todo esto tanto Inglaterra y Francia que habían desplazado a España y Portugal como potencias de primer orden y que se disputaban Europa, tenían sus intereses y miras coloniales en América.



Causas del proceso de Mayo de 1810:

La historia es cosa viviente y compleja, no se puede hacer de ella lecturas simplistas e ideológicas a riesgo de deformarla y no comprenderla. Muchas causas fueron dándose pero a manera de esquema podemos citar:

  1. El ya mencionado cambio de sentido en el gobierno de España y la Hispanidad, que con los Borbones perdió el sentido de Imperio Católico Misional, y se transformó en una Monarquía imperialista “al tipo de Estado Moderno”, con todas las influencias ideológicas que vivía Europa. Esta causa aunque lejana fue quizás la más importante.
  2. La expulsión de los Jesuitas, que resintió profundamente a los indígenas y a la mayoría de los habitantes de América, y dejó indefensa la frontera Este de España ante el voraz imperio Portugués (servil a Inglaterra). Dice el P. Castellani que este hecho junto con la derrota nacional de Caseros fueron los 2 que tuvieron consecuencias más negativas en nuestra historia.
  3. El pésimo manejo de la política exterior Borbónica, que no dudaba negociar con Portugal entregando parte de nuestros territorios para asegurar sus exclusivos intereses territoriales europeos, y muchas veces sin obtener ningún beneficio significativo ni siquiera en el viejo mundo, a pesar del esfuerzo de los habitantes americanos para defender lo suyo.
  4. La desprotección en que tuvimos que manejarnos en los múltiples ataques piratas Ingleses, sobre todo en las famosas invasiones de l806 y l807, lo que nos hizo tomar conciencia de nuestro valer, formó los cuerpos de ejército con predominio de hispanoamericanos y catapultó a hombres como Liniers y Saavedra como caudillos, de gran actuación en sucesos posteriores.
  5. La introducción del sistema de libre comercio con el tratado Apodaca-Canning con Inglaterra, que destruyó poco a poco las industrias de interior y favoreció el centralismo económico de Buenos Aires.
  6. Los sucesos de la Península que llevaron a la aparente destitución de Fernando VII por Napoleón (en realidad no fue destituido sino que pactó cobardemente con el General Francés entregando la Península Ibérica al gobierno de su hermano José Napoleón), quedando acéfala la Corona de Castilla a la cual pertenecíamos, y por lo tanto teníamos pleno derecho de disponer autónomamente para la autodefensa de pretensiones extranjeras, sean Francesas, Portuguesas o Inglesas.

Todas estas cuestiones y otras que no es del caso nombrar en un artículo breve crearon el momento propicio para los acontecimientos de mayo de 1810.



Qué no fue la mal llamada Revolución de mayo y qué fue en realidad:

  1. No fue como ya explicamos una parte de la Revolución Anticristiana mundial, imitadora de la Francesa, sino al contrario repudió los fines y métodos de la misma y a su engendro final: el tirano Napoleón, que con sus armas difundió la ideología y códigos liberales y masones.
  2. No fue una Revolución indigenista, a pesar de los desvaríos de algunos de sus miembros, entre ellos lamentablemente en este punto un Patriota como Belgrano tan rescatable en otros aspectos, que pretendían coronar a un descendiente de los Incas, cosa que mereció la objeción y hasta la burla irónica de un patriota realista como Don Manuel Dorrego.
  3. No fue una revuelta anti-hispánica, todo lo contrario fue sinceramente “fidelista y monárquica” porque quería sinceramente conservar estos dominios para el supuesto rey cautivo en manos del déspota Napoleón.
  4. No fue una simulación de fidelidad tras la inventada “máscara de Fernando VII”, frase que en la época aparece solo una vez en un documento sin importancia, los miembros de la Junta juraron ante Dios fidelidad, y esos hombre tomaban muy en serio los juramento y el perjurio era cosa gravísima para sus conciencias y hasta castigado por las leyes vigentes.
  5. No fue el comienzo de la Patria, esta como tierra y legado de padres ya existía desde principios del siglo XVI, ni de la Independencia, ni de la libertad ni de la democracia, los hombres y el pueblo de mayo querían autonomía en la unidad del Imperio, eso les aseguraba fortaleza y libertad, en su mayoría eran Monárquicos y si defendían la República, esta era entendida como Res (cosa) Pública (común o del pueblo como comunidad jerárquica y organizada).


Pero en cambio:

  1. Si fue una Restauración, o Revolución en el sentido de “pegar la vuelta” al sentido Misional de la Hispanidad y a la identidad autónoma del Río de la Plata, como parte del Imperio a título personal del Rey de Castilla.
  2. Si fue un movimiento que buscaba afirmar nuestra capacidad autonómica dentro de la unidad a restaurar del viejo Imperio, cuando el Rey o su legítimo sucesor estuvieran libre y asumieran nuevamente, pero siempre cambiando la mala administración de los Borbones.
  3. Fue Católica y defensora de nuestras legítimas tradiciones ante la impiedad de la Europa liberal y masónica.
  4. Fue conducida por militares, por ello hubo orden y fue pacífica, siendo su caudillo el Jefe de Patricios y Presidente de la Junta, Don Cornelio de Saavedra, no teniendo Mariano Moreno (de ideas liberales) en los principios mayor peso en los sucesos, aunque después ese sector copó el movimiento y provocó la reacción popular que lo anuló a Moreno y los suyos.
  5. No fue independentista en su principio, fue como dijimos autonomista, pero sucesos posteriores que demostraron la estulticia y desagradecimiento de Fernando VII cuando fue restaurado, llevaron bajo la acción de San Martín y Artigas a la Independencia, que no significaba la ruptura con la identidad Hispanocatólica, sino todo lo contrario afirmarla ante una Monarquía y una España que había apostatado de su Misión en ese tiempo, lo que nos aseguraba también poder autodefendernos de otras pretensiones extranjeras.


A manera de conclusión:

Como dice  y prueba en sus 3 tomos Don Enrique Díaz Araujo: Mayo de 1810 fue un hecho histórico-político-jurídico, enmarcado en el derecho positivo Hispanoamericano, que preveía que en caso de acefalía real los miembros de las comunidades locales a través de sus dirigentes, provean con plena fidelidad al  Pacto Jurídico originario que nos hacía posesión del Rey de Castilla a título personal-feudal, de los medios de conservar estos dominios para los soberanos legítimos, sin perder por ello, antes bien restaurando el sentido de Reinos o Provincias Autónomas en la unidad del gran Imperio, unidad asegurada primeramente por el sentido Misional Católico, por lo tanto integrador, del mismo, y por la persona del legítimo soberano.

Por lo tanto en sus inicios, nada de ideologismos, máscaras de falsedad, pactos ocultos u otras extravagancias. Esto hace grande a la gesta de mayo por cuanto nos obliga a recuperar nuestra identidad y a construir la verdadera independencia sin renegar de nuestras raíces, lo que no se logra solo con una declaración sino que es una empresa política permanente, que además como católicos nos debe llevar a que se instaure en la Patria el Reinado Social de Cristo y su Madre Santísima, de cuyo manto el General Belgrano tomó los colores de nuestra Bandera.

 

 

ATANASIO DUARTE

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